Editorial 

Adviento: ¡El mejor momento para acercarnos a María!

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

¡Ya es Adviento! Y vaya que es un tiempo muy especial. Es cierto que también es la época de las decoraciones navideñas, y por supuesto, de la compra de regalos para la familia. Sin embargo, estas cuatro semanas antes de Navidad representan algo más profundo. En efecto, en la actualidad nos resulta difícil recordar el verdaderosentido de la Navidad, pues éste se ha diluido en el consumismo que hoy nos bombardea por todas partes. Sin embargo, nunca es tarde para recuperar la esencia de esta época para experimentarla con entusiasmo.

Comencemos por lo que significa en sí la palabra “Adviento”, lo cual nos puede ayudar para conocer mejor esta hermosa celebración. El término “Adviento” viene del latín adventus, que significa venida, llegada. Por ejemplo, puedes darte cuenta de que en la Iglesia, los sacerdotes llevan en sus vestimentas el color morado; simbolizando la preparación espiritual, así como la penitencia en el tiempo de Cuaresma. En palabras sencillas: el sentido del Adviento es reavivar en los creyentes esa actitud de espera por Nuestro Señor Jesús; el niño Dios nacido y amado profundamente por José y María.

Últimamente he estado reflexionando sobre cómo vivir el Adviento profundamente; cómo sentirlo de verdad y preparar mi interior para el nacimiento de Jesús. ¿Cuál ha sido la respuesta más adecuada? Ser como María, ¿Quién mejor que ella para mostrarnos lo que es ser humildes y mantener la esperanza en todo momento? Nuestra Madre es también Madre de Dios, y por ello, podemos contar con esta dulcísima Reina para que nos guíe hacia una vida nueva en Cristo.

Precisamente, hace un par de semanas, escuché una canción que se llama María, ¿Lo sabías? (Mary did you know?) del grupo Pentatonix. A pesar de que esta canción se estrenó en el 2014, en esta época de Adviento escucharla es un gran regalo al corazón. De hecho, la he oído una y otra vez, y sin poder evitarlo, se me llenan los ojos de lágrimas cuando se escucha el verso Cuando besas a tu pequeño bebé, has besado el rostro de Dios”Esto me ha parecido increíble. Es simplemente hermoso de imaginar, y sobre todo ¡Que es real!

Dichosa Santa María, quien, para muchos en el pueblo de Israel, era una humilde joven de Nazareth que dedicó su vida a Dios. Pero cuánto más la ensalzó Nuestro Señor, que al llenarla de gracia y de toda virtud, decidió encarnarse en su vientre y así dormir entre sus delicados brazos. Y es precisamente ella quien sabe cómo cubrirnos con su manto en nuestros miedos y angustias; es ella quien sabe cómo calmarnos y, sobre todo, la forma más segura de llevarnos hacia un encuentro personal con Dios.

Por ello, quiero compartirte la letra de esta canción traducida al español. Lee cada palabra con amor y reflexiona su significado, es simplemente extraordinario.

Dice así:

María, ¿Sabías que tu hijo caminaría sobre el agua?
María, ¿Sabías que tu bebé salvaría a nuestros hijos e hijas?
¿Sabías que tu bebé vino para hacerte de nuevo?
Este hijo que has entregado, pronto te entregará
María, ¿Sabías que tu bebé dará la vista a un ciego?
María, ¿Sabías que tu bebé va a calmar una tormenta con la mano ?

¿Sabías que tu bebé ha caminado donde los ángeles pisaron?
Y cuando besas a tu bebé, has besado la cara de Dios
María, ¿Lo sabías?, María, ¿Lo sabías?, María, ¿Lo sabías?
Los ciegos verán, los sordos oirán y los muertos volverán a vivir
El cojo saltará, los mudos hablarán las alabanzas del cordero

 María, ¿Sabías que tu bebé es el Señor de toda la creación?
María, ¿Sabías que tu bebé gobernará un día a las naciones?
¿Sabías que tu bebé es el cordero perfecto del cielo?
Este niño durmiente que estás sosteniendo es el gran “Yo Soy”
María ¿Lo sabías?

Me vienen a la mente las ocasiones en que recité el Ave María sin comprenderlo o las innumerables veces que viví el Adviento sin prepararme adecuadamente. Pero esta vez sé que de la mano de María todo será distinto. Y es que una vez que has leído la letra de esta melodía, es como si tu alma comenzara a preguntarse: Mamá, ¿Qué sentiste al ver al niño recién nacido en tus brazos sonreírte y saber que era Dios mismo quien te miraba a los ojos? ¿Con cuánta alegría te dedicaste al cuidado del hogar y de tu hijo quien era también el Hijo del Altísimo? Con sobrada razón dijo: “Todas las generaciones me llamarán Bienaventurada, porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso” (Lucas 1, 48-49).

De manera que esta época de Adviento, es un tiempo para reconocer con gran alegría y gozo, que Dios ha intervenido debido a Su gran amor por sus hijos en la historia de la humanidad. Hemos ganado de nuevo el cielo a través del sí de la humilde Santa María, pues es a través de esta hermosa Virgen que nuestro Redentor vino al mundo para salvarnos. Esto sí que es un gran misterio, pero recordemos las palabras de San Bernardo: Nunca la historia del hombre dependió tanto, como entonces, del consentimiento de la criatura humana”.

No solo eso. No sucedió en la historia de la humanidad que Nuestro Señor Jesús vivió entre nosotros para después regresar al cielo sin más. Sino que antes de dar su último suspiro, nos concedió el regalo más grande. Dice Juan 19, 26-27: “Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, he ahí a tu hijo’. Luego dice al discípulo: ‘He ahí a tu madre’”. Es decir ¡La Madre que vio nacer al niño Dios, ha pasado a ser también Madre Nuestra! 

Te invito a que te acerques a la Santísima Virgen María, quien no deja de llamarnos para que, a pesar de que no encontraron un lugar en donde quedarse, les sea posible encontrar cobijo en tu corazón. En este tiempo de Adviento centremos nuestras vidas en lo que realmente importa; la familia. Enfoquémonos en la llegada de Dios mismo que ha querido dejar el cielo, para conocernos más de cerca al hacerse hombre.

No olvides que Jesús, junto con María, tocan a la puerta de tu vida esperando una cálida bienvenida. ¿Estás preparado para recibirlos?  

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