Evangelio 

Evangelio del día Domingo 25 de Noviembre

 

Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.

Santo del día: Santa Catalina de Alejandría.

 

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 18, 33b-37.

Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”.
Jesús le respondió: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”.
Pilato replicó: “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”.
Jesús respondió: “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”.
Pilato le dijo: “¿Entonces tú eres rey?”. Jesús respondió: “Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús ha realizado el reino: lo ha hecho con la cercanía y ternura hacia nosotros.

[…] Después de su victoria, es decir después de su Resurrección, ¿cómo Jesús lleva adelante su reino? El apóstol Pablo, en la primera Carta a los Corintios, dice:

“Es necesario que Él reine hasta que no haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies” (15,25).

Es el Padre que poco a poco ha puesto todo bajo el Hijo, y al mismo tiempo el Hijo pone todo bajo el Padre, y al final también Él mismo.

Jesús no es un rey a la manera de este mundo: para Él reinar no es mandar, sino obedecer al Padre, entregarse a Él, para que se cumpla su diseño de amor y de salvación. De este modo existe plena reciprocidad entre el Padre y el Hijo.

El tiempo del reino de Cristo es el largo tiempo de la sumisión de todo al Hijo y de la entrega de todo al Padre. «El último enemigo en ser vencido será la muerte» (1 Cor 15,26). Y al final, cuando todo será puesto bajo la majestad de Jesús, y todo, también Jesús mismo, será puesto bajo el Padre, Dios será todo en todos.

La Palabra de Dios nos dice que cosa nos pide el reino de Jesús a nosotros: nos recuerda que la cercanía y la ternura son la regla de vida también para nosotros, y sobre esto seremos juzgados. Este será el protocolo de nuestro juicio. Es la gran parábola del juicio final de Mateo 25. El Rey dice:

“Vengan, benditos de mi Padre, tomen en posesión el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, era forastero y me acogiste, estaba desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste, en la cárcel y viniste a verme” (25,34-36). Los justos le preguntaran: ¿cuándo hicimos todo esto? Y Él responderá: En verdad les digo: que cuanto hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mt 25,40).

La salvación no comienza en la confesión de la soberanía de Cristo, sino en la imitación de las obras de misericordia mediante las cuales Él ha realizado el Reino. Quien las cumple demuestra que ha recibido la realeza de Jesús, porque ha hecho espacio en su corazón a la caridad de Dios.

Al atardecer de la vida seremos juzgados sobre el amor, sobre la projimidad y sobre la ternura hacia los hermanos. De esto dependerá nuestro ingreso o no en el reino de Dios, nuestra ubicación de una o de otra parte.

Jesús, con su victoria, nos ha abierto su reino, pero está en cada uno de nosotros entrar o no, ya a partir de esta vida – el Reino inicia ahora – haciéndonos concretamente prójimo al hermano que pide pan, vestido, acogida, solidaridad, catequesis.

Y si verdaderamente amamos a este hermano o aquella hermana, seremos impulsados a compartir con él o con ella lo más precioso que tenemos, es decir ¡Jesús mismo y su Evangelio!. (Homilía en a Solemnidad de Cristo Rey, 24 de noviembre de 2014)

Oración de Sanación

Señor Jesús, gracias por inspirarme cada día con tus palabras de esperanzas y convertirte en mi compañero de luchas en cada uno de los desafíos que me toca enfrentar. A tu lado sé que puedo vencer.

Te declaro desde hoy como Dueño y Señor de mi vida, como Rey y Dador de todo lo que existe, porque tu poder es universal y reinas con amor, compasión y sabiduría desde tu trono celestial

Mi Dios, Te reconozco como el Rey del universo, como aquel que era, que vives y que has de venir para juzgar a todas las naciones con tu verdad y tu justicia divina y llevarnos a tu gloria para siempre.

Ven y toma todo lo que tengo guardado en mi corazón y aleja toda emoción conflictiva que me esté robando la paz y las ganas de continuar dando la batalla por ganarme una de las habitaciones del Cielo.

Señor, solo Tú eres el camino, la verdad y la vida. Tú eres aquel que derriba los muros del miedo y aumentas el valor y la fe a los que se sienten pecadores y sin esperanzas por alcanzar la plena felicidad.

Quiero que me ayudes a trascender mas allá de mis capacidades humanas, a ser espiritualmente fuerte en toda ocasión y a comprender que Tú estás por encima de todas las cosas.

Ven, Rey de gloria y de poder, a renovar mi vida, a disipar toda duda de mi corazón, a ser luz en medio de mis oscuridades, a guiarme en medio de las penumbras.

Ven, Rey del amor y la esperanza, quiero vivir unido a Ti, amándote, glorificándote, confiando y sintiendo la poderosa fuerza de tu presencia. Amén

Propósito para hoy

Visitar o llamar a esa persona que sé que se siente sola y triste y consolarla con una palabra de esperanza

Frase de reflexión

“Pidamos al Señor la gracia de no hablar mal de nadie, de no criticar, de no chismorrear, de querer a todos”. Papa Francisco.

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